Nani

05. Llorar un río

Buceando hacia el naufragio

Vine a explorar el naufragio.
Las palabras son intenciones.
Las palabras son mapas.
Vine a ver el daño causado
y los tesoros que perduran.
Paso la luz de mi linterna
lentamente por el costado
de algo más duradero
que los peces o las algas.

la razón por la que vine:
el naufragio y no la historia del naufragio
el objeto en sí mismo y no el mito

El rostro ahogado que mira siempre fijamente
al sol
la prueba del daño
convertida por la sal y el vaivén en esta raída belleza

Adrianne Rich (1972)

Toda muestra es un naufragio. Empieza con una decisión y propuesta pero nunca se sabe de antemano y con claridad a qué va a llevar: si van a naufragar las piezas o si llegan a tierra firme. Por otro lado, toda muestra es un naufragio por las obras que no llegaron a ser exhibidas, que se quedaron en la selección. En esta exposición, Nani Cárdenas nos presenta un conjunto de obras con alta intención poética. Hay un retorno a la escultura directa pero sin dejar de explorar lo orgánico y figurativo. Hay en este conjunto de esculturas algo que no se puede asir y esto pasa cuando se cambia de medio; en un sentido metafórico si se da una modificación del registro hay grandes posibilidades de sucumbir pero también de sobrevivir.
Se puede pensar en esta colectividad de obras como si se trataran de pequeños hundimientos sucesivos, a modo de crisis existenciales correlativas. Por momentos estamos ante el instante de la tormenta perfecta. Aquella que produce asombro y terror pues resume ese instante de lo inabarcable cuando algo aparece como épico o ante una totalidad. La artista nos plantea una reflexión sobre la fuerza de la naturaleza y nos la presenta en tanto pretende tejer el mar, ese Todo que uno fabrica. Un mar de tejidos es una simulación del mar pero en la misma técnica hay ese origen y continuación del absurdo. Muy parecido a lo que pasa con el meditar, sucede con el tejido pues avanzamos y eso se experimenta como liberación. Lo que está presente además del mar son una serie de piezas que funcionan como anclajes que permiten tomar aire cada cierto tiempo.
Por otro lado un conjunto de retratos o rostros funcionan como mapas o paisajes y estos nos devuelven una Mirada interior. Un rostro no es el conjunto de una frente, dos ojos, una nariz, una boca y un mentón, en la medida en que su significación desborda su imagen. Pero tampoco hay que pensar que la corporalidad del otro es información de su mundo interior o exterior. El otro es un rostro sin mundos. La artista le ha dado a estos retratos mapa y territorialidad. Podemos pensar que a través del término expresión el filósofo Emmanuel Lévinas piensa el rostro desde la pasividad del lenguaje. Se trata de hacer referencia al otro como potencia expresiva. En efecto, la expresión del rostro, o el rostro como expresión, determina al otro como interlocutor del yo, sin necesidad de que éste pronuncie palabra alguna. Según la función de expresión del lenguaje el rostro es palabra que inaugura toda relación. A partir de la noción expresión, Lévinas concibe también el rostro como primer hecho del lenguaje.
Al fin y al cabo, todo retrato es un relato. Se trata de aprender ese relato. Cuando vemos un rostro tenemos que separar la visión de la interpretación: tenemos que dejar de leer los trazos para leer la forma. La dificultad del retrato está precisamente en poner juntos esos dos momentos. Finalmente, con estos rostros la artista está inaugurando un diálogo que nosotros debemos afrontar y continuar.

Nicolás Tarnawiecki Chávez
Barranco, junio 2015

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