Nani

01. El anverso de las nubes


AMBAS TOMARON LA MISMA FOTO.
En una tarde de Agosto, hace casi un año atrás, las artistas plásticas Kyle Huffman y Nani Cárdenas se
encontraron en la contemplación de un mismo reflejo: una tupida nube en un cielo celeste, posada sobre uno
de los vidrios atemperados de la Biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá.

De alguna manera, esta exhibición no es más que el lógico desarrollo de esta primera mutua admiración
—por el reflejo de la nube en el quieto vidrio, y por reconocerse en el asombro de la otra— puesto que
en aquel instante compararon obras, técnicas, procesos, descubriendo no una sino muchas coincidencias.
Así, concluyeron que si bien las obras finales podían diferir en apariencia, había una misma aproximación al
proceso creativo, especialmente al momento de empezar a concebirlo: para ambas es el material (sus infinitas
posibilidades), el que marca la concepción de sus obras, el material precede al concepto pues este se forja
en y a partir de él.

Por ello, El anverso de las nubes es, antes que nada, un diálogo entre dos artistas a partir de su propia
exploración de las posibilidades inherentes a los materiales con los cuales han elaborado sus respectivas obras.
Tanto para Huffman como para Cárdenas es allí, en esa relación primigenia con el material, en donde comienza
la escultura, en donde la materia se transforma en concepto al adquirir forma, densidad, textura. Si hay algo
que une las piezas presentadas en El anverso de las nubes es que todas ellas son, sobre todo, registros de la
íntima relación de la artista con el material y con la exploración continua de todas sus potencialidades latentes.

Y, es precisamente esa condición de ser registros de un proceso, la que hace que estas obras tengan inscritas
en ellas la cadencia, el calado del tiempo y que, por lo tanto, sean inasibles, inherentemente fluidas en su
temporalidad. No hay manera de asirlas porque en ellas están inscritas, yuxtapuestas, una sucesión de
instantes que se han hecho forma, que se han vuelto tan concretos y tan etéreos como aquella tupida nube
sobre el vidrio de Bogotá y de la que El anverso de las nubes es su único y frágil registro.

José Luis Falconi

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